lunes, 26 de diciembre de 2011

Mujer.

                                                                                           Venus del espejo por Diego Velázquez.

Te miras ante tu gélido
reflejo. Es tu mirada,
que se mueve con sigilo,
la que observa con calma.
Otea el añil pasado
que nace de tu fría alma
y se eleva hasta tu boca
resiguiendo aquella llama
que tanto color brindó.
Te ves; te quieres. Tu mata
de cobre pelo te arropa;
mientras tu dulce voz canta,
jugueteas con los rizos
de tu castaña maraña
y piensas en tu Belleza.
Hermosura que es una lacra
para las mentes desiertas
que ven sin salir de casa,
que hablan sin conocer,
que “viven” sin salir de cama.
-¡No mires piel, mira ser!-
Guapa es Sandra; bella es Fátima,
bella es Eva; guapa es Luz,
guapa es Lara; bella es Danya.
Fíjate: Todos iguales
somos ante la gran parca.

Jael R.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

Que el tiempo trascurre...


OTOÑO

Esparce octubre, al blando movimiento
del sur, las hojas áureas y las rojas,
y, en la caída clara de sus hojas,
se lleva al infinito el pensamiento.

Qué noble paz en este alejamiento
de todo; oh prado bello que deshojas
tus flores; oh agua fría ya, que mojas
con tu cristal estremecido el viento!

¡Encantamiento de oro! Cárcel pura,
en que el cuerpo, hecho alma, se enternece,
echado en el verdor de una colina!

En una decadencia de hermosura,
la vida se desnuda, y resplandece
la excelsitud de su verdad divina.

Juan Ramón Jiménez.



El día clareaba en las crecientes más álgidas. El sol, como eterno padre, había salido ya para colorear aquel paisaje que su amante, la luna, dejó de blanco, negro y algunos puntos de gris. La mañana despertaba en aquel inhóspito lugar situado en alguna parte de ningún sitio, entre la latitud inexistente y la longitud imaginaria. Apenas habían casas en aquel sitio de fantasía pero la vida de aquel pueblo -por llamarlo de alguna forma- era más ajetreada que en cualquier ciudad de renombre importante. Los pocos hogares que habían eran todos de un mismo patrón: de aspecto rústico, de tacto liviano, de color marfil y de textura antigua. Todo lo que ocurría allá apenas tenía importancia. Las peleas eran meras bromas entre ciudadanos, los juicios eran juegos que hacían para divertirse, el amor que circulaba por todos lados sólo eran travesuras de zagales inocentes. Todo era así en aquel mundo abstracto hasta que, un buen día, lo que parecían simples charlas airadas entre amigos se convirtieron en un problema que tuvieron que solucionar lo más pronto posible.
Todo comenzó un día de octubre, aunque dudo que en aquel paraje existieran los meses, los días, las horas o, simplemente, el tiempo pero sí, ocurrió un día de octubre. Noto era una persona de carácter noble y apacible, apenas tenía malas palabras para nadie y estaba dispuesto a servir a todo aquel que reclamara su ayuda sin pedir nada a cambio. La gente lo calificaba como alguien frío porque era demasiado seco en algunos aspectos, aunque sabían que tenían su pequeña llama ardiendo dentro de él que, de vez en vez, se airaba y se expandía por todos los recovecos. Vulturno, en cambio, tenía una idiosincrasia totalmente ígnea. Gruñía por todo y se quejaba hasta por no haber motivos para quejarse. Era testarudo y de constitución vigorosa aunque eso no impedía que la gente le recriminara su actitud tan poco educativa. Era evidente: Noto y Vulturno discutían una vez al año y por la misma razón que siempre. No era que Noto quisiera buscar esa bronca, era, simplemente, que Vulturno le increpaba. Es el problema de acarrear, junto a dos personas más, un don que a cada cuarto de año se manifestaba. Era evidente que cuando éste se gastaba, molestaba dado que ya no reinaba con su magia.
  • Pues a mí me gusta que todo cambie –decía Noto con total tranquilidad- y que nada permanezca igual, le da más sentido a la existencia.
  • Pues yo no entiendo por qué ha de cambiar todo cada cierto tiempo –carraspeaba enfurecido Vulturno-.
  • Es sencillo, mi querido amigo, tu supremacía ha tocado fin y ahora -enfatizó Noto con tono jovial- me toca a mí, como es costumbre, establecer mi reinado.
  • ¡¿Qué reinado?! -se encolerizó Vulturno-. ¡¿Ése en el que pintas todo de un tono ocre, donde no sabes ni cuál es la temperatura correcta y no sabes ni dónde, ni cuándo, ni cuánto debe llover por los rincones de tu reino?! ¡¿Ése?!
Vulturno sabía que, por mucho que dijera, eso no lo regía nadie, simplemente tocaba porque era así que tocara. Ya había intentado más de mil veces restaurar de nuevo su poder cuando estaba el de otro compañero en marcha y era consciente de que lo único que conseguía con ello era empeorar todas las situaciones, pero no quería darse por vencido. Él pensaba que su magia era las más idónea porque siempre, cuando llegaba, todos la deseaban y disfrutaban. Él sabía qué temperatura era la correcta y que las lluvias sólo fastidiaban a los mundos inferiores y que apenas eran bien recibidas pero sabía que eran, de cuando en cuando, necesarias y, por ello, las liberaba todas a la vez y de forma efímera pero estruendosa; caían con una violencia inusitada.
Noto, el hombre calmado, por otra parte, conocía sobradamente que el poder de Vulturno era muy apreciado en los mundos inferiores pero no por ello él dejaba que estuviera siempre. Noto era inteligente y no tan deslenguado como su compañero y por ello conocía que él sólo era un mero trámite que debía cumplirse, un simple juego, entre todos los que ya existían, para que al final la partida la jugara en realidad otra persona y era por ello que Noto no se echaba atrás pese a la vehemencia que empleaba siempre Vulturno para intentar persuadirlo.
  • Yo no soy quien eligió ésto -se sinceró el hombre tranquilo-. Solamente ocurre porque debe pasar y yo no soy más que un mero puente para Bóreas al igual que Favonio lo es para ti. Es así de sencillo.
La gran diferencia era que entre Bóreas y Favonio nunca habían disputas. Entre ellos emanaba siempre una paz sosegada y se respetaban, tranquilamente, los turnos. Bóreas sabía qué papel representaba y Favonio, igual. Aunque, a veces, Favonio y Vulturnos emprendían sus discusiones, mayormente porque éste último quería empezar antes y, como siempre, mandaba que le dejaran ya, de una vez, usar su poder.
Todos los años era la misma cantinela. Raro era el año en que no pasaran estas cosas y raros eran los momentos en que Vulturno sonreía cuando no tenía nada que hacer. Aquellos momentos el pueblo situado en alguna parte de ningún sitio, entre la latitud inexistente y la longitud imaginaria, lo agradecía como agua de mayo -aunque no creo que supieran qué era mayo-.
Apenas nadie conoce esta leyenda pero quien logra saberla y sobre todo comprenderla, llegará a saber qué clase de poderes tenían y por qué, cuando discutían, eso nos perjudicaba a nosotros en cierta manera.
Los años van pasando y ya me pesan; sería una lástima quedar olvidada esta historia en algún archivo de alguna biblioteca que ya nadie mirará. Sería una pena dejar morir una imaginación. Porque qué razón tenía Juan Ramón Jiménez en aquel poema... no hay nada mejor que este encantamiento de oro.

----------------------------------------------------
 He aquí la primera participación al proyecto de noviembre, "el fragmento", de Adictos a la Escritura. Espero que os guste.
Por cierto, ya sé que la historia es un tanto extraña... no me culpéis por ello, jajaja.


sábado, 5 de noviembre de 2011

Soledad acompañada.


Adoro cuando pasas y miras con desgana
al lugar donde estoy sin saber la razón
por la cual yo te observo con la dulce pasión
de un triste adolescente que nunca nada gana.

Allá donde te aguardo sólo crecen espigas
pero cuando tú pasas, sólo nacen claveles
y me impregnan de olor dejando que desveles
las rosas con espinas que tengo como amigas.

Tu cabello se mueve al vaivén de la brisa,
y una sonrisa vuela, posándose muda
como el maldito tiempo que arrebata la duda
de la alegría efímera y el sabor de la risa.

Pero como a Neruda, me gustas cuando pasas
porque te quedas viéndome y me haces sonrojar
deteniendo, parécese, amor y suspirar,
y estoy feliz, feliz por revivir las brasas.

Jael R.

viernes, 21 de octubre de 2011

Silva olvidada.


Soy sólo un poeta y ya es suficiente,
con tener las rimas, una tisana,
un sabroso café por la mañana
y un bello amor en mente.
Yo hubiera deseado ser demente
para poder amarte con locura
y heme,
aquí,
solo con mi amargura
sin apenas presente.
Para todos los que me oigan, lo expreso:
soñé ser buscador de huellas perdidas,
rastrear poesías divididas
pero me volví, de tus sueños, preso.
De luz alumbrar quise cual colores la fuente
-pagar la factura no conseguí-
y ahora soy lo que yo nunca fui,
soy sólo un poeta y ya es suficiente.

Jael R.

viernes, 7 de octubre de 2011

La luna se aleja.


Naces de las sombras y del dolor
Y, posándote muda,
Arrebatas amor.
Moribunda y errante surcas lares
Haciendo alzar tu mortal argumento.
Eres hija de mares
Y nieta del hastío.
Eres dueña de las negras tinieblas,
Jefa de la gran pena
Y señora del infinito frío.
Por ello nadie desea buscar
Aquello que un día debe llegar.

Jael R.

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Su luz dejó de brillar.


La obscuridad se aproxima y nos envuelve.
Nos envuelve y nos reconforta de sueños.
Pero ya nadie sale a pasear. Ya nadie sale...
Y ella, la única que ilumina al natural,
la única que nos mira cuando nadie puede,
la que sólo se marcha cuando sabemos que estamos bien,
la que nos da tristeza, lágrimas y amor,
Ella... ella ya no ve a nadie y llora.
Llora como el enamorado confuso en su cama,
Llora como la lluvia,
Llora sola.

La letanía de tinieblas se acerca y nos enrolla.
Nos enrolla y deja que nos marchemos más allá.
Pero ya nadie quiere marcharse. Ya nadie marcha...
Y la diáfana luz blanca, apenada, ya no tiene secretos
que guardar. Ya no tienen promesas ni alegrías.
Tampoco ya guarda besos salados de mar. Ya no observa amor.
La diáfana luz ya no hace brotar relaciones.
Sólo ve el adiós de la vida. El adiós del hombre.
¿Y la mujer? La mujer sólo aguarda al día, al astro.

Ya no salgo a pasear. No cuando ella está.
Ya no me enamoro ni hago que se enamoren.
Ya no disfruto de su sonrisa cálida.
Ya no sueño con caricias tiernas.
Ya no... te echo de menos.
Ya no... te amo.
Ya no. Ya sólo te necesito.

Jael R.

jueves, 25 de agosto de 2011

Bochorno de la ardiente verdad.


Somos dos brisas que surcan cielo,
Somos dos gotas que lágrima hacen,
Somos dos legañas de sueños.
Somos dos suspiros quebrados,
Somos dos ríos de mar,
Somos dos...
Somos dos y, a veces, tres;
Somos dos con dosis de uno.
Queremos ser cuatro pero cero se acerca.
Tal vez queramos más y
No podamos otra cosa que ser menos.
Como la rosa que nace sin espinas
Nosotros, imposibles, nacemos siendo cero,
Crecemos para ser uno más entre todos;
Buscamos y rogamos para llegar a dos
Y nos ilusionamos siendo tres ó cuatro.
El sino del ser humano es llegar
Para poder entender de forma clarividente
Que perdimos el tiempo intentado llegar a la meta
Pero sirve para comprender cuánto nos ha valido
Ser el número que deseamos ser sin necesidad de ello.

Jael R.

jueves, 21 de julio de 2011

Musa de voz quebrada.


Recorro solitarias calles con miedo
De hallarte junto al rojo pasado.
De verte lamer un gran dulce helado
Junto al lejano ayer de un amor fredo.

Mi dolida voz rompe a llorar sin más,
Anegando las avenidas desiertas
Y arrancando, de mí, las dulces profiertas
Que tú me endulzabas tiempo atrás.

Mi triste mente converge en los dos mundos:
La imaginación y la realidad.
¿Cuál creer? ¡Maldito licor de maldad!
Un trago más... Y otros. Pero... ¡más fundos!

Jael R.

domingo, 10 de julio de 2011

Recuerdos...


Cojamos unos recuerdos casi olvidados.
Veamos...
Un día patoso,
Un cabello especial,
Un movimiento suave,
Una vocal presidencial,
Unos ojos profundos,
Unas manos desgastadas,
Un libro erizante,
Una sonrisa tuya,
Una niña perdida,
Unas charlas metafóricas,
Unos versos petrarquistas,
Un retraso perdonado,
Unas luces lunares,
Una lluvia agradable,
Un paseo mágico,
Un regalo musical,
Una frase, vaya...,
Una melodía nominal,
Una visión alegre,
Una película terrorífica,
Unas indecisiones gastronómicas,
Unos dineros invertidos,
Unos cigarros mortales,
Un consejo mudo,
Un dolor vertebral,
Unos besos inexistentes,
Unos sentimientos callados,
Un adiós infinito,
Una añoranza perpetua,
Una llamada dulce,
Un tiempo esperado,
Una noche única.
Cojamos recuerdos imborrables,
¡Mierda, ya los dije!

Jael R.

domingo, 26 de junio de 2011

Condenado a un arte.


¡Y ahora va y la lluvia comienza!
Pues genial, que las nubes lloren si quieren.
Si ya me lo decían: “Poeta, hoy no.”
Pues nada, mi bolígrafo hoy no saldrá
A dibujar trazos de gilipolleces.
¿Que quién soy? Simple escritor de papel
mojado. Y otros me dicen poeta...
¡Pero ahora no sería el tema!
Graniza... ¿Los Cielos me odiarán también?
Pero si yo no quiero ser un mesías,
Ni un estúpido Bécquer ni un gran Neruda,
Yo sólo quiero dar un paseo con mi
pluma. Que si fuera o fuese por mí...
¡Abandonaba la inerte poesía!
Pero es ella quien me busca y me atrapa.
Así estoy, condenado a escribir
alegorías. Encima ahora nieva.

Jael R.

lunes, 6 de junio de 2011

El ángel de hielo.


En el infinito estío de tus ojos
Hoy siento yo el miedo a los despojos
De aquel mágico y bello mes de mayo
Donde conocí aquello que hoy callo.

Fuego helado o perturbado de mi mente
Que sólo te saborea insulsamente.
Como océano de melancolía,
Así yo paso, paso yo, todo el día.

Miedo poseo a la flama del querer
Cuando a besos me dijiste que poder
No era más que una boca con otra boca
Sin arrepentirse en dónde desemboca.

Maltrecho dolor de angelical veneno
Cuando galopa mi mano por tu seno
Junto a la llama de la vida alada
Que de un gran placer es la calada.

Tu esbelto cuerpo de frágil porcelana:
Suave, tierno, cómodo como lana.

¿Arrepentirme del deseo al tenerte?
Pues pecador seré por sólo quererte.

¡Adiós a todo aquello que mal me hace
Y bienvenido este anhelo que nace!

Jael R.

martes, 31 de mayo de 2011

Dulce sueño.


Olvídate del tiempo que no pasa,
Simplemente escapar lo dejamos.
Ahora di dónde lo olvidamos...
¡Es tarde! La Dicha salió de casa.

Dejas huir lo que amas y deseas.
¡Obsoleto olvido del tedio odioso!
Vive el alegre sueño copioso,
Aquel que, con agitación, meneas.

Navegante, surca, del tiempo, el mar
Que aún hallar felicidad puedes
Pues, recuerda, nunca dejas de amar.

Y quién puedo ser, te preguntarás.
¡Pasa de ello! No trates de saber
Porque estoy como tú, sin conocer.

Jael R.

lunes, 2 de mayo de 2011

Calles frías y sueños ardientes.


Calles vacías y pobladas de sueños:
De infantes futuras estrellas de fútbol,
De Sin Techo con muros entorno a ellos,
De la ley y justicia unidas a unísono,
De un cielo puro y limpio; no tan nocivo,
De abuelos llenos de plena juventud,
De juventud comenzando a trabajar,
De inmigrantes que se sienten personas,
De sencillos besos prófugos de amantes,
De adolescentes que pernoctar desean,
De revolucionarios con libre expresión,
De amar, querer, desear y de estimar,
De un "Hola", del "Adiós", el "Perdón" y "Gracias",
De pájaros libres y no esclavizados,
De alegría y sonrisas no reprimidas.
Calles vacías pero llenas de sueños,
Como la tuya, la de aquél y la mía.

Jael R.

sábado, 30 de abril de 2011

¿Tres mundos?


El trozo de pan que tiras,
Es un gran mal.
El agua que tú malgastas,
Es una pena.
La ignorancia que tú lanzas,
Es una muerte.
El desprecio que tú tienes,
Es una lágrima.
El cinismo que tú expresas,
Es un dolor.
No para ti ni para él.
Ni yo tampoco.
Pero, ¿Y para aquél muchacho?
Para el chico todo es sueño
¿Y a ti? Te sobra.
Somos presos de mentiras
Y no interesa
Saber la ajena penuria.
"Personas" nos llamaremos;
Ogros seremos.

Jael R.

martes, 29 de marzo de 2011

Aquella cercana tortura...


Un pétalo que roza,
Unos ojos que brillan,
Un corazón que goza,
Unos labios que fían.

Caricia, aire y olor,
Miedo, calma y abrazo.
¡Qué dulce es este lazo
Que me causa dolor!

Adiós, Amor, adiós,
Mas recuerda: Soy yo.

Jael R.

viernes, 18 de marzo de 2011

Una mujer callada en el claro.


"Una mujer desnuda y en lo oscuro"
-Mario Benedetti-

Mujer callada en el claro
Que muda aguardas al viento
Mientras yo motas de polvo siento
Pulular alrededor del faro.
Mujer en el claro muda
Que observa el bello horizonte
Mientras el aire del viejo monte
Toca tu cabellera menuda.
Silenciosa aunque ruidosa,
Tan ajena a mi mirada,
Te alzas, bella ruborizada,
Por solitarias olas copiosas.
Dama sin habla que se calma,
Ya descansas con sosiego.
Y yo, pena de mí, con apego,
Adiós digo mas no con el alma.

Jael R.

jueves, 27 de enero de 2011

La Flor Azul.


Desprecias a una flor con arrogancia
Y hablas con malvada crueldad de ella,
Detestando su dulce elegancia
Y obviando el sentido de doncella.
La maldices, la detestas, la odias
Creyendo que el mundo dijo así
La gran mentira que tú custodias,
Pues encerrada la hayas en ti.
La flor te habla aun pisoteada
Mas tus oídos ciegos acá,
No perciben, pues, que ella está
Pidiendo ser tan sólo escuchada.
Paras; escuchas a la flor azul
Cómo te susurra los secretos
Del cielo y sus simples duetos
Que nacieron del viejo baúl.
La dulce flor se torna en capullo;
Sabe ella por quién debes guiarte
"Porque él siempre anda en todo el arte."
Susurra mientras mira el arroyo.

"Dedicado a todas las mujeres que no creen ser
     bellas pese a deslumbrar cada día con su hermosura."

Jael R.

lunes, 24 de enero de 2011

Mi despedida.


Ya me llegaron, que no pedí, las flores
Antes de encontrar la salida al camino.
El eterno anhelo de los colores
Se alzó ante mí junto al verdinegro pino.

¡Oh vientos! ¡Oh dulces náyades! ¡Oh sueños!
Solo ahora me encuentro, sin nadie, sin nada,
Sólo libre de cuerpo ante cualquier dueño
Pero con el alma triste ya amarrada.

Se marchó la luz junto mi corazón;
El tiempo me dejó postrado allí
Con la melodiosa, aquella, canción.

Lloraron, lloraré y tú, llorarás
Pues el árido suelo que en mí tirita
Hoy reluce por ser yo quien lo habita.


"Por aquellos que dejaron su camino cuando aún no debían."

 Jael R.

viernes, 14 de enero de 2011

Navegante.


Y qué bello es pensarte
Mientras mar de tumulto
Rompe las olas de un periplo
Maldito en soledad de alma.

¡Oh, ven! Me gustaría ser él.
Quiero ser el navegante
Que zozobra en la lejanía
Angosta del corazón.

Deseo sentir la marejada
Golpear mi rostro y alma,
Mientras se lleva mis pensamientos
Y mis grandes melodramas de ti.

Para ser parte de ti,
Quiero ser la sal de la mar,
Como tú, amada, serías
Una parte por siempre de mí.


Jael R.